lunes, diciembre 22

Far from Home

A miles de kilómetros del hogar y es la misma, la misma búsqueda, los mismos deseos y los mismos anhelos.. buscando refugio, no en lo humano, sino en su Eterno Silencio, y es ahí donde se halla.. desnuda y débil, armada y fuerte, dejándose conquistar por su amor se siente real.. se siente viva!!

Pero su sustancia la arroja a esa tierra madrastra, tierra de desdichas, repleta de apariencias que pretenden apagarla.. pero enferma de nostalgia se lanza a la búsqueda en una noche de desiertos, atesorando en el regazo esa lámpara encendida.. que en su aceite guarda el recuerdo del Divino Abrazo que la salvó

jueves, noviembre 6

En medio de la enfermedad

Autor: P. Fernando Pascual LC 
He pasado una semana enfermo, débil, sin ánimo para hacer cosas. Curiosamente, no he dejado de sentir la presencia amorosa de Dios.
Tus fuerzas te abandonan y tú te abandonas ante su presencia soberana. Entonces surge Dios y dice: “No temas, Yo estoy contigo”. Y todo cambia. Comprendes que hay un sentido para todo, incluso tu enfermedad. 

Por momentos, acostado, me trasladaba con mi mente a una capilla donde esta expuesto Jesús Sacramentado. Me detengo frente a Jesús y lo miro. Y le digo que lo quiero. “Eres mi mejor amigo, Señor”. No hacemos más que eso. Pero me siento tan feliz de poder entregarle estos pequeños gestos de amor. 

Comprendo lo frágiles que somos los humanos y la grandeza de nuestro espíritu. 

Anoche, ocurrió algo significativo. Me dormí profundamente y dormido, en sueños, me puse a rezar. Entonces escuché la voz paternal de Dios que se preguntaba: 
“¿Qué haré contigo?” 
Yo, intuitivamente respondí: 
“Devolverme la salud”. 
De pronto surgió una pregunta que me estremeció: 
“¿Y qué hiciste con la salud que te di?” 

Me vi entonces en un tranque vehicular gritándole al conductor de al lado… luego, molesto con una cajera que no me atendió a tiempo..en un viaje.. surgieron así, en cuestión de segundos, cientos de situaciones similares de las que me avergoncé. 

Sin dejar de amarme, Dios preguntó: 
“¿Amaste?” 
“Muy poco Señor”, reconocí, “creo que fui egoísta con el tiempo que me diste”. 
“Está bien reconocerlo”, dijo con ternura… “Tendrás otra oportunidad. Ama y haz todo el bien que puedas”. 
Entonces desperté. 

Algo pasó en ese sueño, que me llenó de esperanza. 

La gripe está cediendo y pronto volveré a salir. Pero esta vez seré diferente. Trataré de ver al prójimo como a mi hermano, y estaré más cerca de Dios: amando, ayudando al que pueda. 


enviado por john Baque

martes, octubre 7

caminante.. peregrina

Un corto camino de angustias primaveras recorrido,

caminante, peregrina e infinita

como llama intensa me devoras,

sedienta, hambrienta e insatisfecha,

en cuerpo, eterna exiliada de Tu Patria inhabitable

te amo, te busco en este desierto habitable

 

aunque se mis pasos están contados

extraña y hermosa es esta nostalgia que me invade

caminante, peregrina en busca de ese rostro precioso

caminante, peregrina en busca de ese abrazo que le quite esta vida

momento de gozo, momento de dicha

 

camino de gracia, dulce padecimiento,

implacable silencio de eterna memoria,

solo lo esencial a mis ojos,

y es tu aliento perpetuo detrás de toda tu creación

Rostro Precioso, rostro fugitivo, rostro perpetuamente inaccesible a los ojos de hoy

domingo, septiembre 14

Dejarnos amar por Dios

Autor: P. Fernando Pascual LC 

Podemos darle a Dios una alegría inmensa si nos dejamos amar por Él, si ponemos nuestra vida en sus manos. 

Parece fácil, pero nos cuesta vivir así. Porque muchas veces preferimos nuestros planes, gustos, proyectos, deseos, y no somos capaces de descubrir que Dios nos prepara algo mucho más hermoso. También cuando nos quita algo que “bueno” para ofrecernos algo mucho mejor. 

Un accidente nos puede privar de la salud, pero no nos aparta de Dios si tenemos un corazón atento, esponjoso, disponible. Incluso nos puede hacer más sensibles a las necesidades de los demás, y abrirnos los ojos para recordar que esta vida es sólo un tiempo de paso. 

Un fracaso nos puede llenar de tristeza, al recordar la cercanía de Dios el corazón recibe un consuelo profundo: tenemos un Padre que nos espera, un día, en casa. 

El rechazo de un “amigo” se nos clava en el alma, pero sabemos que la amistad de Dios es constante y nos alienta en los momentos más difíciles de la vida. 

La muerte de un familiar o de un amigo deja vacíos profundos, pero la confianza en Dios nos permite saber que nadie muere sin el permiso divino, y que existe un juicio en el que la misericordia salvará a quienes se dejaron amar por el Amor. 

Todos necesitamos ser amados. No podemos vivir sin amor, como recordaba con frecuencia Juan Pablo II. Si abrimos el alma y nos dejamos tocar por ese Dios cercano, amigo, enamorado del hombre y lleno de bondad misericordiosa, nuestra vida será mucho más hermosa y más buena. 

Sí: es posible dejarnos amar por Dios, dejarle dirigir, mansamente, el camino de nuestras vidas. Entraremos entonces en un mundo maravilloso. Los pequeños o grandes malos ratos serán curados por el bálsamo más hermoso: el que recibimos desde la caricia eterna de nuestro Padre de los cielos. 

- Enviado por John Baque